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julio 07, 2010

Vicky Peláez, ¿espía rusa?

Ëste artículo de opinión que reproducimos, expresa sintéticamente no solo la posición ideológica de la disidencia cubana sino los argumentos siempre latentes de aquellos que han visto en Vicky Peláez una irrefrenable impulsadora de batallas en su papel de escritora antisistema afincada en el mismísimo corazón de la primera potencia mundial. Muchos, principalmente en Lima-Perú, han copiado y esgrimido acusaciones vertidas en éste escrito que ubican a la Peláez como admiradora del genocida que dirigió a Sendero Luminoso y como una imcapáz escritora digitada por su influyente ideólogo ruso.
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Publicado por El Diario de Cuba
Viernes 02 de Julio de 2010
Miguel Ángel Sánchez, Nueva York .

Durante 15 años, Vicky Peláez fue mi compañera de trabajo en la sala de redacción de El Diario/La Prensa, un periódico en idioma castellano que se edita en Nueva York desde hace más de 90 años.

Ahora ha sido detenida, y previa fianza de 250.000 dólares, se ha dictado contra ella arresto domiciliario y vigilancia electrónica. Todo, por espiar para Rusia. Se trata de cargos muy graves para una mujer que se tilda a sí misma de dura luchadora y que se distingue por sus fuertes contrastes de carácter: agria y fanática a rabiar la mayoría de las veces; ingenua y dulce las menos.

Los artículos de Peláez en El Diario/La Prensa reflejaban lo peor de ella, un odio desesperado contra cualquiera que no compartiera su credo comunista. Su lenguaje era soez, de barricada y hedor de albañal, con terminología marxista muy pasada de moda.

Lo escandaloso, sin embargo, era que en numerosas ocasiones dichos artículos eran dictados telefónicamente por su marido Juan (Juancho) Lázaro, o sencillamente copiados de cualquier otro lugar. Las diferencias entre unas columnas y otras resultaban palpables. Cuando Vicky "escribía" sobre temas históricos, personajes y corrientes de pensamiento, no era ella; su capacidad no llegaba hasta allí. Esos eran los plagios más evidentes.

Cuando el odio afloraba en sus artículos, entonces era lícito creer que esas notas firmadas con su nombre eran, al decir de un músico, de "propia inspiración".

Por muchos años, los diferentes directores de El Diario/La Prensa permitieron esta situación. Y lo que es peor, nunca dejaron que ningún periodista en la redacción tuviera una voz que contrapesara su radical irracionalidad. Era Peláez quien daba la pauta política del periódico.

Su odio hacia los cubanos que nos oponíamos a Castro llegaba a un nivel tan alto que en numerosas ocasiones chocamos verbalmente en la redacción. Sus columnas eran una caja de resonancia de la propaganda oficial castrista.

Pero en un periódico, si es algo más que fachada e historia, estas tendencias por parte de periodistas radicales deben ser contenidas. En El Diario/La Prensa, por el contrario, fueron estimuladas. Vicky Peláez siguió escribiendo allí porque figuras que compartían su credo, como los puertorriqueños radicales de izquierda Gerson Borrero y Rosana Rosado, la estimulaban a hacerlo. Era el tipo de periodismo que compartían, el lenguaje al cual estaban acostumbrados. Peláez era la mensajera del grupo.

Vicky Peláez, es necesario recordar, era una senderista luminosa de entrañas. Durante años, tuvo junto a su escritorio la fotografía de Abimael Guzmán, el tenebroso Presidente Gonzalo, del grupo terrorista peruano. Su arrebato por ese asesino nunca amainó, mucho menos fue negado.

Era sabido por los miembros de la redacción que el marido de Peláez, el soviético/uruguayo Juancho, primero terrorista tumaparo y luego, claro, senderista luminoso, se vanagloriaba de ser un exitoso recaudador de fondos para la organización maoísta peruana, en Estados Unidos y, en especial, en Nueva York. No sería extraño que ambos, Peláez y Lázaro, estuvieran bajo la lupa federal desde muchos antes que lo que reconoce la acusación de la fiscalía federal.

Lo que queda en evidencia en esta detención, más que la acusación contra Peláez, es el quebranto profesional de El Diario/La Prensa, en donde Vicky, en varios momentos, tuvo el control absoluto de las noticias que se publicaban sobre América Latina, a la vez que su columna semanal.

Sus odios y prejuicios ideológicos resurgían en las páginas de noticias que editaba, sin que ello preocupara lo más mínimo ni a Borrero ni a Rosado, y por último a un oscuro diletante de apellido Bourbilias, que dirigió el diario durante un lustro, hasta que alguien súbitamente descubrió su incompetencia. Para el tal Bourbilias, la Peláez era un genio.

En un medio profesional, los periodistas tienen el derecho y hasta la obligación de hacer conocer sus criterios mediante artículos personales en la página de Opinión. A lo que no tienen derecho es a convertir las páginas de noticias a su cargo en un alter ego de sus preferencias ideológicas, que es lo que ocurrió por muchos años en el rotativo neoyorquino.

Plagios, despidos y readmisiones

Este no es el primer tropiezo de Vicky Peláez, aunque sí el más serio. Hace unos dos años, Peláez fue suspendida de empleo y sueldo en el diario tras comprobársele que muchas de sus crónicas eran plagios. Lo primero no era increíble; lo segundo, que la repusieran en el cargo tras la sanción e incluso la dejaran seguir escribiendo sus columnas semanales, sí.

Lo lamento por ella, a la que no le pesará, y por sus hijos, pero algo así se veía venir, era demasiado evidente.

El Diario/La Prensa, estoy seguro, no la despedirá. Pretextará confusos elementos legales, aunque en otras oportunidades, y por motivos totalmente baladíes, haya echado a periodistas como los cubanos Vicente Echerri y Justo J. Sánchez, los peruanos Dora Rubiano y Roberto Bustamante, y el ecuatoriano Ricardo Vasconcelos.

Tras la detención de Vicky Peláez, lo único sorprendente es su vinculación con la inteligencia rusa. Siempre estuve seguro que sus posibles conflictos con la justicia norteamericana tendrían que ver con sus asociaciones con organizaciones terroristas de cualquier género, entre las cuales no descartaba Al Qaeda, Hezbollah u otras de ese tipo, pues tal era (es) su férrea convicción de que las bombas y los asesinatos son otra suerte de partera histórica.

Tras las primeras acusaciones —espionaje para Rusia y lavado de dinero—, no sería inverosímil que aparecieran lazos con los aparatos de inteligencia de La Habana o Caracas; tal vez el verdadero propósito de la redada.

Por ahora, sus crónicas malignas en El Diario/La Prensa, de Nueva York, están en reposo. Aunque no me extrañaría que se reanudaran. Allí la siguen esperando con los brazos abiertos.

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Miguel Ángel Sánchez, antiguo "compañero" de trabajo de Vicky Peláez, repite su versión incriminatoria en el programa de la cubana-americana María Elvira Salazar en MegaTV de Miami. A parte dos videos más del mencionado programa que acoje nuevos datos sobre el trabajo de los supuestos espías rusos.





julio 02, 2010

¿La canjeamos por Lori?


EL ESPIONAJE NO HA PASADO DE MODA

VICKY PELÁEZ nos ha dado la mayor sorpresa de su carrera. Fue arrestada el 27 de junio en EE.UU., junto a su esposo, acusada de espía prorrusa. Juan Lázaro, el marido, ha confesado ser agente ruso y ella tiene que pagar la fianza y salvar el pellejo.

El Comercio
Por: Fernando Vivas
Viernes 2 de Julio del 2010

Parece una vieja película en la que los dos bandos, caos y control, se juegan la vida: la “conspiradora de Yonkers”, o sea Vicky Peláez, tiene que demostrar, si decide clamar inocencia y no admitir complicidad, que lo suyo es poco más que escribir con inquina ideológica —y legítima— contra el gobierno de Obama, oficio interrumpido por inocentes vacaciones en el Perú junto a “es mi esposo, pero no sabía cuan espía era” Juan Lázaro, y el FBI tiene que aportar contra ella pruebas más contundentes que las exhibidas en el testimonio de la muy perceptiva y conjetural agente María L. Ricci, porque si no hará un papelón ante la comunidad de latinos ya bastante molestos con la ojeriza antimigratoria.

LA ROJA VICKY

Peláez no es caviar, es roja como una betarraga y cuadriculada como un ladrillo. Los caviares limeños huyen de los clichés solemnes y no se confiesan chavistas ni castristas; la cusqueña Vicky, en cambio, en sus columnas de “El Diario/La Prensa” de Nueva York hablaba “desde las entrañas del monstruo” (la frase de Martí que, de paso, usó de título del libro editado en el Cusco en el que recopiló sus escritos), cuadraba a “El Gran Patrón”, o sea al gobierno de Obama, y denostaba a los presidentes serviles de la región, o sea Alan y antes Toledo, para mejor amar a los revolucionarios Chávez, Evo y Fidel.

Es su castrismo, mucho más que su genérico marxismo, lo que le ha granjeado la antipatía de sus colegas de Miami, el otro polo de la prensa latina en EE.UU. donde pocos la defienden. Gerardo Reyes, el conocido periodista de “El nuevo Herald”, escribió anteayer que a algunos de sus colegas neoyorquinos “les incomodó que tuviera en su escritorio fotografías de Abimael Guzmán”. ¡Qué fuerte!

El cariño incondicional por gobiernos o presidentes es controversial para un periodista que aspira a cierta seriedad académica en lo que escribe, pero, repito, es legal y, si se ha filtrado en las apreciaciones del FBI, la acusación se podría viciar a favor de Vicky. Tan pronto pague la fianza, podemos suponer que su defensa se va a concentrar en sustentar esa coartada persecutoria. Pero, además, tendrá que explicar a quiénes visitó en Lima, qué paquetes en rumas de 10 llevaba en la maleta y cómo así durmió dos décadas con el enemigo real de su enemigo de papel, sin convertirse ella misma en una superagente 86, cifrando mensajes en tinta invisible y usando claves como esta: “yo soy “yonkers”, tú eres “tupac””.

PRIMICIA Y ESTIGMA

Antes que los rusos de la SVR (antes KGB), fue el MRTA el que marcó para siempre su carrera. Primero fue una primicia, luego un estigma. El 8 de diciembre de 1984, cuando se supo que los emerretistas, que por entonces hacían sus pininos mediáticos (luego se volvieron más sangrientos), la secuestraron junto a su camarógrafo Percy Raborg, quedamos impactados y preocupados por el temple de esta mujer cuyo jadeo, cuando corría por la noticia, era la respiración dramática del muy sintonizado “90 segundos” de Canal 2. Tan popular era que Analí “Chelita” Cabrera la remedaba en “Risas y salsa” como “Vicky Pelada”, jadeando, motosa, “canal dus, canal dus”. Tiempos de alegre incorrección política mientras nos desangrábamos en la guerra interna.

Volviendo al secuestro, días después de la entrevista a sus plagiarios, que Vicky difundió en el noticiero, se instaló una nube de sospecha: podría tratarse, en parte, de un canje de primicia por difusión de una proclama de marras. El coronel PNP Javier Palacios, que investigó el caso, declaró, la noche del martes en el nuevo “90 segundos”, que dudaron de la versión de Peláez. El informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, en su capítulo sobre los medios de comunicación, también recoge el desconcierto sobre la naturaleza del secuestro.

La duda se instala ahora en Nueva York, en la corte, fiscalía y FBI, las mismísimas entrañas, con pólipos y tumores, del monstruo que Martí no pintó tan complicado. A su favor está su origen cusqueño, que genera rápidas adhesiones hispanas (y da otro sentido a la aspereza de sus escritos), su constancia en la carrera periodística (empezó en la agencia Andina, bajo la dictadura militar, siguió en el desaparecido “La Prensa”, en el Canal 2, al que renunció unos meses después del secuestro para enrolarse en la prensa latina en EE.UU.) y en su talante controversial que le ha granjeado buena lectoría en “El Diario/La Prensa”.

En su contra está el fastidio diplomático que sus aventuras de espía doméstica causen en estas tierras que, TLC obliga, se sienten tan ligadas a Washington. Pero, por otro lado, el saber que espías gringos y rusos se reglan tras los arbustos de parques limeños, como se desprende de los dichos de Ricci, no puede hacernos gracia. ¿Qué hacemos? ¿La canjeamos por Lori Berenson? Fuera de esta broma de colofón, el Perú sí tendrá que vigilar que la procesen con transparencia.

OBSERVACIONES
NOMBRE Virginia Peláez Ocampo de Lázaro
OCUPACIÓN Periodista
EDAD 59 años